Huizhou: nostalgia en tinta

Vida y Sabor · 5 min

Huizhou: nostalgia en tinta

El Estanque de la Luna de Hongcun es un espejo que sostiene muros blancos, tejas oscuras y seiscientos años de vida cotidiana.

Para la gente de Huizhou, la nostalgia es un estanque que nunca se seca.

Hongcun comienza en el Estanque de la Luna. El agua apenas se mueve y recoge cada casa, cada salón ancestral y cada muro en forma de cabeza de caballo en su reflejo. Los aldeanos cruzan el puentecillo con cestas, y sus sombras se rompen y se unen en el agua, como una pincelada suave de tinta clara.

Aquí el agua tiene nombre. Los aldeanos lo llaman el «sistema de agua en forma de buey»: canales serpenteantes que pasan ante cada puerta. Hace siglos, los antepasados de la familia Wang desviaron agua del arroyo del Oeste hasta la aldea. Desde entonces el agua nunca se ha estancado y la vida nunca se ha apagado. El agua dio vida a la aldea y dio forma a la nostalgia.

Sentado en el patio de una antigua academia, la lluvia cae desde las cuatro esquinas del alero. Los comerciantes de Huizhou viajaron por todo el mundo y al final construyeron sus casas más hermosas en su tierra, talladas para la aldea y para la posteridad. En una tablilla de la sala se lee: «A lo largo de generaciones, nada supera a las buenas obras; la mayor felicidad es leer». Eso es una riqueza más duradera que el oro.

Al anochecer aparecen caballetes junto al estanque: unos pintan el reflejo, otros pintan a la gente. Comprendí que Hongcun no es bello porque parezca un cuadro, sino porque sigue viviendo de verdad: lavar junto al agua, tomar té en el salón, escuchar la lluvia bajo el alero. La nostalgia es, quizá, la certeza de que todo sigue ahí.